IMPORTANTE:
Este texto pertenece a su autor o autores y ha sido presentado en el XIII Congreso Neumosur Enfermería en marzo 2.001 en Cádiz.
Cualquier utilización por terceros, será exclusivamente con carácter divulgativo, educativo o docente y se debe citar la fuente y autor o autores del mismo.
INTRODUCCIÓN
Como
es habitual, el iniciar esta intervención, deseo expresar mis agradecimientos.
En primer lugar, al Comité organizador de este Congreso le agradezco el haberme
confiando la tarea de dar esta Conferencia inaugural. Se la que confianza que
esto demuestra y les aseguro que procuraré no defraudársela.
Les
agradezco asimismo que con su invitación me hayan permitido estar unos días en
Andalucía, sitio al que siempre vuelvo como vuelvo a casa.
En
segundo pero principal lugar, deseo darles a todos Vds. las gracias por estar
hoy aquí: por su compañía y por su atención.
El
lema que Vds. han elegido para su Congreso
(“Urgencias hospitalarias en Neumología”) es el reflejo del interés que
las enfermeras y enfermeros que trabajan en Neumología sienten por atender las
necesidades de salud de sus clientes.
A
partir de esta idea, del deseo que compartimos los profesionales
de responder de la mejor forma posible, a las necesidades de salud que se
nos plantean, he organizado el título y el contenido de mi conferencia.
De
este modo, el propósito de la misma es ofrecerles mi reflexión sobre el modo
en que las enfermeras deben desarrollar su responsabilidad – su compromiso
profesional- en el presente y en el futuro inmediato. En concreto, les expondré
mis ideas sobre dos cuestiones:
Ø
¿cuál es
la aportación específica que la Enfermería como profesión hace a la
sociedad? y
Ø
¿como se
concreta esa aportación en un tiempo incierto como el que nos está tocando
vivir?
En
realidad, no voy a decir nada que no haya dicho infinidad de veces. Lo he dicho
muchas veces y lo seguiré diciendo, en primer lugar, porque lo creo
sinceramente y es el motivo que justifica cada uno de los minutos que dedico a
mi labor profesional. En segundo lugar, lo repetiré cuantas veces sea necesario
porque considero que sólo a partir de la conciencia profunda de ese hecho, los
enfermeros pueden desarrollar su compromiso profesional:Me refiero a la superior
“bondad” de la profesión enfermera.
Dicho
de otro modo, creo que la profesión enfermera es una de las mejores que puede
desarrollarse y a partir de esa idea, de que Vds., como yo, tenemos la suerte de
haber elegido la mejor profesión, he estructurado toda mi intervención.
A
lo largo de esta charla, trataré de demostrarles que ese convencimiento no es sólo fruto de la subjetividad que
me produce mi elección personal, sino que tiene razones objetivas.
Me
centraré en dos de ellas. La primera tiene que ver con la aportación específica
que la profesión hace a la sociedad. La segunda hace referencia a la especial
“textura” que posee la
disciplina enfermera.
Empecemos
con la primera.
LA
APORTACIÓN ENFERMERA: UNA “MIRADA” PARTICULAR
Al iniciar
este apartado es necesario recordar una idea fundamental, la referente a la
“relatividad” de la realidad. Creo sinceramente que la única manera ética
de intentar captar las necesidades de otra persona, es teniendo conciencia de
que lo percibimos como realidad e incluso como “conocimiento científico”,
es el producto de una determinada “manera de ver” que está profundamente
condicionada por el grado de desarrollo de nuestra estructura cognitiva racional
y emocional.
Para
sustentar esta idea, quiero recordar una cuestión relacionada con los trabajos
de Aristóteles. Como Vds. saben, Aristóteles se dedicó al estudio de la
filosofía y también al de otras muchas cosas, entre ellas el movimiento.
En relación
al mismo, Aristóteles “veía” en su tiempo, que los cuerpos lanzados al
aire caían en ángulo recto, y lo explicaba creyendo que eso se debía a que la
fuerza impulsora del objeto se acababa de repente. Ha tenido que pasar un período
superior a los mil quinientos años para que otro científico “viera” que
los objetos caen formando una curva y no un ángulo recto.
Por supuesto,
no podemos pensar que Aristóteles no sabía ver o que en su época los cuerpos
caían en forma diferente a la actual. Entonces, ¿qué sucedía? . Como dice
Eibenschutz (1983), “la explicación actual es que Aristóteles carecía de
una estructura mental, condicionada por el grado de desarrollo social y de
apropiación de la naturaleza, que le permitiera ver ese fenómeno, que
actualmente es claro para todos nosotros.
Eibenschutz
sigue diciendo en este sentido, “cuando Piaget describe los diferentes niveles
de maduración en el niño, en los cuáles pone en evidencia su incapacidad de
“ver” cosas que para los adultos son obvias... demuestra la necesidad de
contar con unas determinadas estructuras que permiten que se hagan visibles
cosas que antes no lo eran”.
Esta idea, de
que vemos aquello que estamos capacitad@s para ver, está en la base de mi
propuesta respecto a que las enfermeras, a través de su “mirada”
particular, perciben – de forma única- aspectos del proceso salud-enfermedad
de las personas y de las poblaciones.
De esa
percepción, repito única, se deriva la evidencia de la necesidad de una
provisión de cuidados que es la forma en que se concreta la aportación
profesional.
La aportación
profesional de las enfermeras a la sociedad es, en todo caso, indispensable e
insustituible, y constituye un servicio indispensable para su mantenimiento.
Para
explicar de forma más completa en que consiste este servicio, voy a recurrir a
una imagen. En la diapositiva
he representado con una flecha la mirada
enfermera, que al observar al conjunto de la sociedad - representada por el círculo
- a través del filtro de la disciplina enfermera (constituida por
conocimientos, habilidades y principios éticos) destaca una porción formada
por las situaciones
y problemas que las enfermeras pueden
ayudar a resolver.
De
este modo, la esencia de la aportación profesional es la “mirada
enfermera”, única, indispensable e insubstituible, dirigida desde el bien
intrínseco o como dicen algunas otras autoras, desde el centro de interés de
la disciplina.
Para aclarar
del todo este concepto, me gustaría recalcar una cuestión importante: no es lo mismo la “mirada” que la “visión”.
La visión se produce tras utilizarla para mirar a la sociedad a través de un
filtro que, como he dicho, está formado por los conocimientos, las habilidades
y los valores disciplinares.
Combinando lo
dicho hasta ahora con la idea expresada por Eibenzschut respecto a que nuestra
capacidad de ver está relacionada con el grado de apropiación que tengamos de
los fenómenos naturales, parece claro que
·
las
enfermeras poseen desde siempre la capacidad de la “mirada”
·
el contenido
del “filtro” que es el que produce la visión final, debe irse adaptando a
cada época y circunstancia.
Considero que
la capacidad de la mirada es intemporal en el sentido de que tiene su origen en
la posibilidad humana de autocuidarse y como he expresado en otras ocasiones
(Alberdi, 1999), se consolida en
“mirada enfermera” en el momento en que se trasciende el instinto y se
convierte en servicio.
Hasta aquí
mi respuesta a la cuestión sobre la aportación profesional. Pasemos ahora a
tratar sobre cómo debe concretarse, en este momento el compromiso profesional.
LA
ENFERMERÍA: LA MEJOR “TEXTURA” PARA ATENDER LAS NECESIDADES DE LA SOCIEDAD
Como
les he dicho, el segundo argumento que voy a utilizar para hablar de la
“bondad” de nuestra profesión, tiene que ver con la “textura” de la
Enfermería, o sea, con su extraordinaria capacidad de adaptación que le
permite dar las respuestas adecuadas en cualquier lugar y circunstancia.
Y
¿ cuáles son esas circunstancias
que, ahora mismo, exigen respuestas?.
Una
mirada, aunque sea superficial, a
nuestro alrededor, nos permite observar que nosotros, los seres humanos que
vivimos en los umbrales del siglo XXI, estamos
participando en un período excepcional. Excepcionals
en el sentido de que estamos siendo protagonistas de los cambios más rápidos
y profundos que ha vivido la especie humana
en sus más de 35.000 años de evolución.
Nunca
como hasta ahora habíamos tenido tanta riqueza. Riqueza que, sin embargo, no
nos hace en conjunto más libres y mejores sino que, al no estar distribuida de
forma equitativa, produce gravísimas desigualdades que dividen al mundo en
categorías insalvables, cuya base no es tanto la posesión de dicha riqueza
sino – aún peor- la posibilidad o no de desarrollar los potenciales humanos y
por tanto, de acceder a la misma.
Nunca
como hasta ahora habíamos sabido tanto sobre nosotros mismos y sobre lo que nos
circunda. Nunca como hasta ahora, habíamos sabido aprovechar tan eficazmente
ese conocimiento para nuestro beneficio inmediato.
Nunca
como hasta ahora, los seres humanos habíamos tenido tanto poder de generación
y también de destrucción.
Y
también creo que vivimos unas circunstancias excepcionales porque nunca como
hasta ahora, las personas habíamos sabido demostrar tanta capacidad de creación
artística y tanta conciencia de globalidad y solidaridad.
En
resumen, vivimos una situación excepcional
porque estamos en un final de etapa; estamos asistiendo, repito, como
protagonistas, al final de muchos
de los paradigmas ideológicos sobre los que se ha construido nuestra sociedad.
Naturalmente,
todos los cambios que acabo de mencionar, que configuran lo que he llamado un "tiempo
incierto", en el sentido de inseguro, imprevisible, luminoso,
apesadumbrado y esperanzador a la vez, condicionan
profundamente a los profesionales que, como los enfermeros, deben prestar
un servicio a la sociedad.
Como
les decía, la flexibilidad, la capacidad para enfrentar con éxito situaciones
nuevas aprovechando el conocimiento producto de las antiguas, es una cualidad
especialmente importante cuando toca desarrollarse en épocas de cambios
acelerados.
Y
para argumentar que los cuidados tienen esa capacidad de adaptación, me van a
permitir que utilice unas palabras de la profesora Hend-Abdel-Al (1989). Dice
Abdel-Al que "los cuidados de Enfermería son para la atención de
salud, lo que el agua es para la vida. Son tan necesarios, dice, que no
reparamos en su presencia porque en todos los casos los cuidados de Enfermería
están ahí..."
"Las
similitudes entre el agua y los cuidados de Enfermería son múltiples,
empezando por la naturaleza de ambos. Porque ¿cuál es la naturaleza del agua?.
El agua es fluida, adaptable, flexible, puede penetrar por todos los poros. Pero
también sostiene, transporta diferentes elementos y aporta aquello que es
esencial para la perpetuación de la vida. A simple vista parece fácil
conocerla pero en su interior oculta misterios profundos, invisibles a la mirada
distraída. Es el agua quien pone en comunicación las riberas... Puede
refrescar y también calentar, trae el confort... Es tan receptiva que
influenciada por su entorno reacciona con él. Es tan compleja que, a veces, por
lo difusa es difícil de retener pero en otras ocasiones, su continuidad abarca
cientos y miles de kilómetros... En fin, el agua, presta la fuerza de su
aparente debilidad, de su naturaleza receptiva, flexible, fluida, continua, para
generar energía, mover maquinaria o producir electricidad."
Creo,
como Abdel-Al, que podríamos tomar, casi punto por punto estas características
de la naturaleza del agua y encontrar aspectos similares en la naturaleza de la
aportación que las enfermeras hacen al cuidado de la salud.
Para
terminar con esta comparación, quiero decir que los cuidados enfermeros, como
el agua, sirven de forma general, al mantenimiento
de la vida y como el agua también, al concretarse lo hacen en tantas formas
específicas como receptores hay de los cuidados.
Llegados a
este punto y antes de referirme a la forma que deben adoptar los servicios
enfermeros en nuestra sociedad, me
gustaría pararme un momento para hablar sobre las enfermeras y los enfermeros.
Quiero
hacerlo porque la experiencia y puede que también la edad, me llevan cada vez más,
a concretar , en forma práctica, los conceptos teóricos que desarrollo.
Por
eso, me parece importante explicar aquí que quiénes han optado por dedicar una
parte fundamental de su vida al ejercicio de la Enfermería, desarrollan una
serie de características que son las que hacen que su aportación sea única,
distinta a todas las demás e indispensable.
Las
características que les voy a citar son una propuesta que yo les hago a cada
uno de Vds., para que piensen si se sienten identificados con ellas y si les
definen como enfermeros y enfermeras.
En
mi opinión, un enfermero es :
·
Aquel que tiene una "inclinación nacida de lo íntimo hacia
..." la tarea de cuidar y que en su ejercicio, se siente reconocido y se
reconoce.
En
este caso, como en el poema de Kavafis, lo importante es el viaje. Lo que vale
es la acción de cuidar porque es en ella, en el establecimiento de la relación
personal y en la consecución de objetivos comunes, donde se encuentra la
gratificación necesaria.
Es
enfermero
·
El/la que, en el terreno de la salud,está dispuesto/a sustituir al
OTRO,siempre que sea necesario, pero dejando que el OTRO sea.
Recordando
en todo momento, que quien cumple los objetivos, quien logra los resultados es
fundamentalmente aquel o aquella a quien van dirigidos los cuidados.
Es
enfermera:
·
Quien se pone como meta el conseguir ser rápidamente sustituida en su
tarea,o sea quien es capaz de promocionar el auto‑ cuidado.
·
La que considera que su aportación no está limitada por un título y
es consciente de que la perspectiva enfermera puede ofrecer elementos de gran
valor en todos los ámbitos de desarrollo de lo sanitario.
Es
enfermero:
·
Aquel que sabe apreciar el reconocimiento que se obtiene por un trabajo
que se realiza en la intimidad y en
el que nunca se puede ejercer el monopolio del saber.
Por
último, considero que es enfermero
·
Quien está orgulloso de prestar cuidados profesionales y reivindica la
escucha de la orientación cuidadora.
Explicados
los trazos identificadores de quienes han elegido la Enfermería como profesión,
paso por último, a tratar sobre como debe ser el servicio que brinden a la
sociedad compleja de principios del tercer milenio.
Es evidente
que las enfermeras que deseen cuidar a la sociedad del siglo XXI, que- como ya
he dicho- está marcada por el más alto grado de desarrollo tecnológico
alcanzado jamás por la humanidad, pero también está enfrentada a una
necesaria redefinición de en qué consiste la dignidad humana y quien tiene el
deber de defenderla en cada circunstancia, deben ser capaces de distinguir y
adquirir los conocimientos y habilidades que pueden serles útiles y sobre todo,
deben querer participar activamente en la clarificación y defensa de los
valores que aseguren que cada acto de cuidado es excelente.
O lo que es
lo mismo, el compromiso profesional de las enfermeras es dotarse del filtro que
les asegure que cada gesto, rutina o proceso de su actuación, soluciona
problemas a l@s client@s y lo hace
desde la orientación cuidadora.
Hasta aquí
la justificación teórica del compromiso profesional con la excelencia. Permítanme
que me vuelva a poner práctica e inspirándome en Kerouac (1996) les exponga a
continuación, cuáles considero que son los cinco pasos en que debe concretarse
dicho compromiso profesional. El primero de ellos es
1.
Comprender
la naturaleza de la situación salud-enfermedad del
cliente, de ese momento de transición
– enfermedad o etapa de desarrollo- es que son necesarios los cuidados.
En
este sentido, me inscribo en la idea de que la situación de salud- enfermedad
es siempre un proceso individual y que sólo desde esa perspectiva puede
aspirarse a entender su naturaleza y el significado que tiene para quien la
vive.
El
segundo paso consiste en
Ponerle un
nombre a esa situación
que la defina desde la perspectiva de la aportación que las enfermeras pueden
hacer a su resolución y que sirva para comunicarse
3.
El tercer paso que concreta la práctica profesional excelente, consiste
en aplicar cuidados que tengan en
cuenta lo “personal” en toda actuación de suplencia, ayuda o promoción de
los recursos de desarrollo individual.
En
este sentido, la manifestación del éxito de la excelencia profesional estriba
fundamentalmente en acompañar al usuario en su proceso, utilizando los recursos
que ofrece el modelo bio-médico pero también, desarrollando todos los métodos
y técnicas demostradamente eficaces, que proceden de otros paradigmas
explicativos de la situación de salud-enfermedad.
De
lo que se trata es de ampliar al máximo el abanico de prescripción enfermero,
recuperando – sin perder nada de lo actual- las prácticas seculares y/o
adaptando los métodos que otros profesionales aplican al tratar algunos
aspectos específicos de la salud: me refiero, por ejemplo, a los masajes, al
yoga, a la digitopuntura, al yuki, a la hidroterapia y tantas otras técnicas,
4.
El cuarto paso es evaluar la atención
prestada, en función tanto del significado que para el paciente/cliente
tiene su proceso, como del que tiene para la enfermera y de la obtención de los
objetivos fijados por y para ambos.
5.
Y por último, el compromiso profesional toma forma, cerrando y abriendo
el círculo de la atención enfermera, o sea, rediseñando
el cuidado a partir de valorar los cambios que la atención prestada y los
recursos promovidos y/o aportados, han provocado en la naturaleza y en la
vivencia de la situación de salud-enfermedad.
Estoy
llegando al final de mi intervención y a lo largo de la misma he hablado sobre
la “bondad” específica de la disciplina enfermera, he resaltado las
características que considero deben definir a un profesional y he concluido que
las enfermeras deben fijarse como meta el desarrollar su compromiso profesional,
prestando un servicio excelente.
Para
terminar, quiero abordar un último punto que considero fundamental. Me refiero
al cumplimiento del compromiso con uno mismo.
Parto
de la idea, tan claramente expresada por Watson (1988) de que el cuidado
y el amor hacia uno mismo precede al amor y al cuidado hacia los demás.
Esto
que también está expresado con total claridad en el primer mandamiento de la
doctrina cristiana al situar a uno mismo como canon, significa que para poder
cumplir cualquier compromiso externo es indispensable, en primer lugar, cumplir
el interno.
A
mi modo de ver, la cuestión nuclear de dicho compromiso consiste en, habiendo
adoptado el bien intrínseco de la profesión -que no es otro que el cuidar-
conjugar armónicamente los valores individuales y profesionales, obteniendo el
grado de comodidad moral que tiene como resultado la satisfacción y el
orgullo por lo realizado.
La
enfermera debe estar, al menos, tan comprometida consigo misma como lo está con
quien presta cuidados, con los alumnos a los que forma o con el sindicato en el
que trabaja.
A
partir de ahí, las enfermeras deben ser conscientes de que el desarrollo del
compromiso consigo mismas significa, al menos, tres cuestiones:
·
estar
atentas a sus necesidades
·
ser
respetuosas con sus deseos y prioridades
·
ser
conscientes de que la aportación que realizan es fundamental y consiste básicamente
en la aplicación de su juicio clínico y el establecimiento de relaciones
significativas que, en todo caso, han de ser oportunidades de crecimiento para
ellas.
Esto,
que puede ser que en una mirada superficial se considere que es no sólo fácil
de hacer sino que se hace, en realidad ni resulta sencillo ni se hace.
No
resulta sencillo porque significa contar con un espacio para la autoreflexión
sobre la práctica cotidiana y con la voluntad decidida de analizar los
sentimientos y valores implicados en la misma y de reconocer las contradicciones
o los conflictos, si los hubiere.
Además,
en el caso de los profesionales españoles, este proceso está especialmente
dificultado por dos motivos. Porque procedemos de una cultura que durante muchos
años, ha confundido vocación con sumisión o por decirlo más claramente, ha
considera que los deseos y las necesidades propias debían postergarse en vez de
armonizarse con las de los demás.
Y
no lo hacemos porque somos una profesión fuertemente orientada a la acción y
reconocemos con dificultad el derecho y la necesidad de reflexionar antes y
después de cada acción.
Por
todo eso debemos ser especialmente cuidadosos con el compromiso con nosotros
mismos, teniendo siempre presente que su cumplimiento es la premisa básica para
poder desarrollar el compromiso con los demás.
Hasta
aquí, creo haber cumplido los propósitos planteados para esta intervención
que, en el fondo, no eran otros que
el ofrecerles mis reflexiones sobre qué significa ser enfermera y cuál debe ser su aportación comprometida a
la sociedad cambiante en que nos ha tocado vivir.
Ahora,
como conclusión a todo lo dicho quiero recordarles tres cuestiones.
La
primera es que nuestra profesión es especialmente hermosa porque gira alrededor
del núcleo de la vida y es precisamente en la promoción de la vida, donde está la justificación de todas nuestras actuaciones.
La
segunda es que hoy- en época de cambios- pero como pasó ayer y como pasará mañana
mientras haya seres humanos falibles, enfrentados al dolor y a la muerte pero
también a la posibilidad de dar la vida, el principal reto, la mayor
oportunidad que tienen las enfermeras es ser:
¨
La
VOLUNTAD de los sin deseo (los deprimidos, los enfermos mentales, los
drogadictos...)
¨
La
FUERZA de los que la perdieron (los enfermos agudos, los crónicos, los
ancianos, los heridos, los impedidos...)
¨
El
CONOCIMIENTO de los que no pueden tenerlo (los enfermos mentales, los niños),
de los que deben adquirirlo (a través de las tareas de promoción y prevención)
o de los que tienen otro porque son de otras culturas, marginales; distintos en
suma (mientras colaboran en la utilización
eficaz del que les es propio...)
Para
expresar la última idea, permítanme que emplee una frase de Chopra.
Dice
Deepak Chopra:
“El
pasado es memoria,
el
futuro es sueño,
el presente es conciencia”
Estoy
absolutamente convencida de que sólo desde la conciencia profunda de la
importancia fundamental de su aportación a la atención de las necesidades de
la sociedad, pueden los enfermeros desarrollar el compromiso profesional.
Les
deseo los mejores éxitos en este “XIII Congreso Neumosur Enfermería”. Muchísimas
gracias por su atención.
Palma, 20 de marzo de 2001
Bibliografía
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Chopra Deepak.
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Eibenschutz,
Catalina (1983) “Crisis del conocimiento médico”. Documento mimeografiado.
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Kérouac,
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Wolf,
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