Cómo hablar en público
| El secreto para hacer una presentación aburrida es
decirlo todo (Voltaire) |
Aunque las presentaciones orales
coinciden con las escritas en que ambas deben definir bien su objetivo, ser
claras, concisas, precisas, adaptadas al público y bien organizadas, el exponer
un tema por escrito no es lo mismo que exponerlo oralmente. Hablar no es
escribir porque:
- La presentación oral tiene un límite
de tiempo en el que hay que saber ganar la atención del público.
- Escuchar es cansado: no es una
actividad pasiva, como se piensa, sino activa, ya que requiere un alto grado
de participación y concentración.
- Hay diferencia entre el número de
palabras que se pueden decir en un minuto (entre 135 y 175) y las que se
pueden escuchar en ese tiempo (unas 300-400). Quienes no saben escuchar usan
el tiempo que les sobra para distraerse, preparar una respuesta, discutir
mentalmente con el ponente, etc.
- La capacidad de escuchar tiene un
límite: no se puede "reescuchar" al ponente y oír de nuevo lo
que acaba de decir. Pararse a tomar notas de un punto particularmente
interesante conlleva el que se pierda fácilmente el hilo de lo que el
ponente continúa diciendo mientras el oyente escribe.
- Con cierta frecuencia existen (o
pueden existir) distracciones en la sala: teléfonos móviles, oyentes que
salen o entran, ruidos externos, etc.
El médico que prepara una exposición
en público ha de ser consciente de todo ello para hacer una disertación útil,
interesante y documentada, y al mismo tiempo amena, clara y no excesivamente
densa.
Reglas para evitar el aburrimiento
de la audiencia
Aburrir a la audiencia es el primer y
principal temor de todo ponente. Al hablar de temas médicos, la pérdida del
interés de la audiencia no depende siempre de la calidad real de lo expuesto
sino del cómo se expone. Aunque las normas que siguen no son
una garantía de éxito, son ciertamente una garantía de fracaso si no se
cumplen.
- Conocimiento de la
audiencia
- Conecte con las expectativas
de los oyentes. Si los oyentes piensan que le expuesto no es de utilidad
para su práctica médica, lo más probable es que dejen de interesarse
por lo expuesto o, cuanto menos, lo olviden tan pronto salgan del
auditorio. Muchos temas de investigación punta pueden tener algún, o
algunos, aspectos que los conecte con la práctica diaria, y éstos son
los que deben ser resaltados. Cuantas más cosas sepa el ponente sobre
su audiencia, más garantías tendrá de poder satisfacer sus
expectativas y conseguir que su ponencia sea recordada con satisfacción.
- Claridad de los objetivos
- Tenga claro cuáles son los
objetivos de la exposición. Antes de hablar, es conveniente haberse
respondido a una serie de preguntas: ¿qué se quiere conseguir con esta
charla? ¿cuál es su objetivo? ¿se trata de informar, convencer, enseñar,
motivar o justificar? No siempre es necesario explicitar estos objetivos
a la audiencia de forma directa, pero sí es necesario que al menos el
ponente los tenga muy claros en su cabeza.
- Exposición organizada
- Realice la exposición de
forma organizada. Una presentación desorganizada es difícil de seguir,
especialmente en la exposición de temas médicos, que ya de por sí
suelen requerir una buena dosis de esfuerzo para su comprensión. Una
exposición desorganizada asegura el aburrimiento del público, no tanto
por la desorganización en sí, sino porque hace que en la mente de los
oyentes nazca la duda de que quien no es capaz de estructurar bien una
ponencia, puede ser que tampoco tenga la talla intelectual que se le
supone como ponente.
- Exposición no exhaustiva
- Diga lo justo y necesario,
pero no más. Voltaire tenía razón: quien quiera aburrir a la
audiencia no tiene más que decir todo lo que sabe. Cuando el tiempo de
exposición es limitado (y siempre lo es, por cuanto la resistencia
mental de la audiencia suele tener un límite no superior a los 45-60
minutos, como mucho) y el tema de la ponencia es amplio, es conveniente
escoger unas pocas ideas clave que transmitir, repetirlas tres veces con
diferentes palabras y acabar antes del tiempo señalado. Esto deja
tiempo para un necesario diálogo con los oyentes que, entre otras,
tiene la gran ventaja de dar al ponente la posibilidad de aprender de lo
que sus oyentes preguntan o dicen.
- Entusiasmo equilibrado
- Evite la voz monótona y
excesivamente lenta. El ponente tiene que transmitir el entusiasmo e
interés que él mismo siente por lo que expone. Ciertamente la
velocidad de exposición no es fácil de determinar: tan negativa es una
presentación lenta como la excesivamente rápida.
- Ayudas visuales adecuadas
- Utilice diapositivas o
transparencias adecuadas y adecuadamente. Cada elemento de ayuda visual
debe tener su razón de ser en la charla. Existen técnicas para saber cómo
escribir y diseñar una diapositiva o una transparencia; su
elaboración y presentación correcta (en proyección única o doble),
debe seguir unas normas muy precisas para que sea realmente eficaz. No
hay nada que haga perder más la atención del publico que un ponente
leyendo una diapositiva que todos pueden leer, o tratando de explicar
una que nadie puede leer. Mire al público, no hable a la diapositiva.
¿Leer o no leer?
Casi siempre será mejor no leer la
presentación de manera literal. ¿Por qué? Porque la mayoría de las personas
no saben leer en público de forma amena, con inflexiones de la voz, mirando al
público frecuentemente, o cambiando la expresión facial para acompañar la
lectura. Si la lectura separa de la audiencia (lo que es habitual en quienes no
son expertos lectores en público, y los médicos no suelen serlo), es mejor
hacer la presentación no leída. Otra razón para hacerlo es que el lenguaje
escrito, más estereotipado, es generalmente distinto del lenguaje oral, más
flexible y coloquial.
De todas formas, si se decide a leer
la presentación, debe ser redactada en un lenguaje más adaptado a la
comunicación verbal. Éstos son algunos consejos útiles:
- Escúchese antes
- Grabe su ponencia antes y escúchese.
Esto le dará la oportunidad de ser su propio espectador. Con pocas
veces que lo haga, aprenderá tanto de su propio estilo que en poco
tiempo ya no precisará hacerlo más.
- Lea conversando
- Lea su texto como si estuviera
conversando con una sola persona y no con 50 o con 500.
- Exprese corporalmente
- Utilice la expresión corporal
para enfatizar los pasajes que desee: cuide las expresiones de la cara,
mueva las manos moderadamente y sobre todo, no olvide sonreír de vez en
cuando. Ello rompe la monotonía de una facies inexpresiva y de un tono
igual; ambas cosas son más frecuentes en quien lee que en quien habla.
- Mire de frente
- Mantenga contacto de ojos con
la audiencia. La persona que lee con la cara pegada al papel y no
levanta los ojos periódicamente tiene asegurada la indiferencia del público.
Cuando mire al público, hágalo de frente para que haya contacto de
ojos; en momentos concretos, puede hacer pausas de 2-3 segundos en la
que pasear la vista por la sala. Se dará cuenta de que la audiencia
sigue su exposición y que está atenta a lo que va a decir a continuación.
- Mantenga la cabeza elevada
- Escriba el texto en el tercio
superior de la hoja. Esto le ayudará a mantener la cabeza levantada.
Cuando se encuentra
ante el público
Para quien escucha, la "impresión"
que le da el ponente es tan importante como lo que dice. Las formas de la
comunicación verbal, la expresión, deben cuidarse tanto como el contenido. He
aquí algunas claves de éxito:
- Cuidar el inicio
- Sea breve al agradecer la
invitación a hablar, sobre todo si participa en una mesa redonda:
cuando todos los ponentes comienzan con la misma frase de
"agradezco la invitación a participar en esta mesa redonda"
resulta tan obvio y predecible lo que van a decir, que los oyentes
agradecen la máxima brevedad.
- Voz grave y articulada
- Use un tono grave, hable clara
y articuladamente (no es lo mismo que lentamente) y haga pausas (sobre
todo si lanza alguna pregunta a la audiencia). La voz aguda, rápida e
ininterrumpida transmite la impresión de ansiedad y un ponente ansioso
es un ponente desvalorizado. Hablar claro y en un tono algo más grave
obliga a articular las palabras y ayuda a evitar el temblor de voz que
hasta los más expertos ponentes pueden padecer. Evite expresiones
estereotipadas y repetitivas, o el tan frecuente carraspeo constante de
muchos ponentes.
- Mirar a la audiencia
- Mire a la audiencia de frente,
como miraría a una persona con quien estuviera conversando. ¿Se
imagina hablando con alguien y mirando al suelo, al techo o a las
paredes en vez de mirarle a la cara? Incluso cuando utilice
diapositivas, mantenga la sala con algo de luz para poder mirar a los
oyentes. Evite el defecto tan frecuente en los ponentes poco expertos de
hablar mirando sólo al presidente de la mesa o a una persona en
concreto en vez de al público en general.
- Expresión corporal
- La postura, los gestos y la
expresión de la cara son importantes. Si tiene la posibilidad de
obtener un video de su ponencia puede aprender mucho de los gestos, tics
o movimientos repetitivos que debe corregir. Evite por ejemplo, caminar
de un lado para otro o jugar con cosas en sus manos: todo ello indica
nerviosismo.
- Micrófono: ¿le oyen?
- Asegúrese de que el micrófono
funciona correctamente antes de iniciar su exposición. Si es fijo,
evite que la audiencia se quede sin sonido cuando Ud. gira la cabeza a
un lado o hacia la diapositiva que está detrás.
- No abusar del puntero
- No lo utilice en exceso.
Debiera utilizarse sólo para diapositivas de tablas o gráficos y casi
nunca para las de texto. Apoye la mano en el antebrazo opuesto para
evitar el temblor, que siempre es amplificado por la distancia. Apague
el puntero láser cuando no lo use, so pena de encontrarse a la audiencia
mirando a un punto luminoso que se mueve por el techo.
- Dialogar en las preguntas
- Si se encuentra que nadie hace
preguntas, tenga preparada alguna Ud. mismo para romper el silencio. Una
estrategia para ello es comenzar diciendo: "Una pregunta que me
hacen frecuentemente es". Maneje el turno de preguntas y tome
preguntas de todas las partes de la sala. No deje que una persona
monopolice el tiempo. Sea breve en las respuestas. Repita la pregunta
para aquellos de la audiencia que no la han podido oír (de paso, esto
le ayudará a organizar mentalmente su respuesta). Si desconoce la
respuesta, no tenga reparo en decir que no tiene una contestación
ahora, pero que con mucho gusto la buscará y se la dará.
- Acabar a tiempo
- Acabe puntualmente. Dé las
gracias a la audiencia y sonría.
Existen algunos recursos (no farmacológicos)
que son de gran ayuda:
- Esté convencido de que, aunque
casi nadie lo puede evitar, a casi nadie se le nota y que prácticamente
todos los ponentes, famosos incluidos, se ponen tan o más nerviosos que Ud.
La única diferencia es que ellos notan que están nerviosos pero los
oyentes no. Un hecho real y demostrado es que aunque el orador tenga el
corazón que se le sale del pecho, las manos frías y sudorosas y la boca
seca, la audiencia no lo nota en absoluto o muy poco.
- No se tome a Ud. mismo muy en
serio. Ríase de sus propias equivocaciones e incluso comente jocosamente
con la audiencia algunos de los gazapos o traspiés que ha tenido en algunas
de sus presentaciones y ríase de ellas con los oyentes.
- Interaccione con los oyentes.
Pregunte a la audiencia, dialogue con ellos. Hablar "con" es más
relajante que hablar "a", y le ayudará a eliminar los nervios.